martes, 26 de octubre de 2010

La función de las emociones


Las emociones no son ni buenas ni malas en sí mismas sino que todas nos son útiles para regular la relación con nosotros mismos y con los demás por lo que, aunque lleguen a proporcionarnos una experiencia subjetiva desagradable, si aprendemos a controlarlas y canalizarlas de una manera adecuada, en algún sentido seguirán siéndonos beneficiosas.

Poseer salud emocional implica reconocer las propias emociones y las de los otros, poder expresar lo que sentimos con comodidad y de manera asertiva, y ser capaces de aplicar la empatía en las relaciones interpersonales.
A continuación, algunos aspectos negativos y positivos de las emociones más comunes que experimentamos los seres humanos.


El enojo
Se activa ante la invasión del territorio personal o familiar; cuando nos sentimos frustrados, atacados, ofendidos o engañados. También surge cuando algo no responde a nuestras expectativas. Cuanto más elevado es su grado, como en la ira o la furia, tendremos menor capacidad para reflexionar y mayor propensión a comportamiento violentos. Cuando esta emoción se convierte en sentimiento y se prolonga en el tiempo, da lugar al resentimiento y a conductas vengativas que, indefectiblemente, tienden a retornar como un boomerang hacia quien las actúa, y dañan las relaciones interpersonales. Su aspecto valioso: funciona como un alerta que nos impulsa a poner límites.

La tristeza
La tristeza aparece ante una pérdida significativa y nos moviliza hacia una nueva recomposición personal. Cuando se torna crónica se transforma en depresión, un trastorno del estado de ánimo caracterizado por una sensación de melancolía profunda que lo impregna todo.
Las pérdidas se elaboran a través de duelos, estos ayudan a recuperar el afecto depositado en el objeto perdido para dirigirlo hacia nuevos apegos.
La utilidad de la tristeza: nos ayuda a adaptarnos a una ausencia, promueve la resignación, genera un trato considerado por parte de los otros, nos conduce al recogimiento, reflexión y a un mayor contacto con la realidad.

El miedo
Aparece cuando sentimos amenazados nuestros valores, nuestra integridad física o psíquica, o la de nuestros seres queridos. También ante la ausencia de algo que nos proporcionaba seguridad.
Con está emoción se relaciona la ansiedad, un estado de agitación que responde a un sentimiento de amenaza ante algo o alguien imaginario, pero vivido como real.
Las fobias son miedos de mayor intensidad, irracionales y persistentes. Se acompañan con el impulso irrefrenable de evitar la confrontación con aquello que las provoca.
El miedo, al igual que la fobia, es a algo, mientras que el objeto de la ansiedad es incierto y se relaciona con la anticipación a un peligro futuro, indefinido e imprevisible.
La función de esta emoción es ayudarnos a prevenir el peligro, cuidarnos y protegernos.

La alegría
Es una emoción que genera un estado de plenitud y satisfacción. Al experimentarla, tendemos a olvidarnos de los problemas, vemos el lado bueno de las cosas, nos llenamos de pensamientos positivos, y nos sentimos poderosos.           
Solemos experimentarla cuando logramos alguna meta que nos habíamos propuesto, nos anoticiamos de algo que nos resulta agradable, dejamos de padecer algún malestar, estamos en contacto con lo que nos gusta y atrae, amamos y somos amadas.
La risa y el buen humor son expresiones de alegría que aumentan la secreción de endorfinas, elevan al sistema inmune, favorecen la circulación sanguínea e inducen a la distensión. Por otra parte, tomarse la vida con humor, incluso las desgracias, favorece la aparición de soluciones creativas ante los problemas, y acerca a las personas.

El entrar en contacto con nuestro mundo emocional nos ayudará a identificar los cambios que necesitamos realizar para mejorar nuestra calidad de vida, y elevar la medida de nuestro propio bienestar, hecho que, además, repercutirá positivamente en nuestro entorno.

Lic Alicia López Blanco - Psicóloga Clínica
Autora de La salud emocional y Por qué nos enfermamos, ambos editados por Paidós.

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