miércoles, 13 de octubre de 2010

El lenguaje del cuerpo y sus síntomas- Parte 2


Los síntomas y sus mensajes:
"Cómo aprender a escuchar los mensajes del cuerpo, descifrar su significado, y accionar a favor de una mejor calidad de vida".

El cuerpo se expresa a través de un lenguaje sencillo de aprender, un “lenguaje niño”.
El registro consciente de sus mensajes favorece y promueve el autoconocimiento. Ese conocimiento o saber acerca de uno mismo facilita procesos de cambio y sanación. Si no sabemos, poco podremos hacer pero, si tomamos conciencia, podemos apelar a recursos personales, sociales y culturales para accionar en la búsqueda de nuestra salud y bienestar. Todo síntoma reclama un cambio y expresa una necesidad que no estamos atendiendo. Si llegamos a comprender lo que el cuerpo nos está comunicando a través de sus desequilibrios podemos ser activos protagonistas de nuestra sanación.

Lic. Alicia López Blanco
Psicóloga Clínica
Autora, entre otros, de los libros “El cuerpo tiene la palabra” (Robin Book) “Por qué nos enfermamos” y “La salud emocional” (Paidós).



Listado de diferentes síntomas y/o enfermedades, su  significado, y el cambio a realizar para estar mejor. 


Desequilibrio del:


Podría estar expresando conflictos con:

Reclamaría:


Sistema Locomotor (en general)

La autoafirmación y confianza en uno mismo.
La fluidez ante los cambios.


Flexibilidad.
Apertura.
Movimiento.
Protección.



Esqueleto axial:
cráneo, columna vertebral, esternón y costillas.


El Sostén.
El equilibrio.
La seguridad interior.
La autoprotección.

Registro consciente de necesidades, atención y cuidado personal.


Esqueleto apendicular: huesos de la faja escapular y los brazos y pelvis y piernas.

La seguridad en las relaciones con el mundo exterior.
El movimiento hacia metas.
El contacto con los otros.

Apertura hacia el mundo exterior.
Planteo de objetivos y movimiento hacia ellos.
Confianza.


Articulación de la rodilla

La aceptación.
El perdón.

Humildad.
Aceptación.



Articulación del fémur con la cadera

El avance.
El movimiento en el mundo exterior.

Movimiento.
Confianza en uno mismo.


Articulación del codo

La entrega y la apertura para recibir tanto en el plano material como de los afectos.

Apertura para dar y recibir en todo sentido.
Entrega.
Confianza.



Articulación del hombro

La responsabilidad.
La cooperación.
La capacidad de delegar.

Solidaridad.
Entrega.
Confianza.
Conexión con el propio deseo.



Base del cráneo

La integración de pensamiento, sentimiento y acción.
El control.


Delegación.
Confianza.
Registro personal.


Sistema Nervioso
(en general)

Las relaciones con uno mismo y con el entorno.
El control de los propios actos.
Su organización en el tiempo y en el espacio. 


Comunicación eficaz.
Orden y organización.

Plexo cervical

El dar y el recibir.
La conexión con el mundo exterior: capacidad de comunicar mediante el lenguaje, ver y escuchar en todo sentido.
Expresión de la agresividad.

Fluidez en las relaciones.
Comunicación eficaz.
Registro y expresión de las emociones.

Plexo solar

Depuración de lo tóxico en general.

Soltar lo tóxico en todo sentido.
Registro y expresión de las emociones.


Plexo sacro

Avance.
Movimiento en el mundo exterior.

Confianza.
Movimiento.
Entrega.

Hiperactividad
Hipersensibilidad

Metabolización de los estímulos.

Registro consciente de los sentimientos, sensaciones y pensamientos.
Orden y organización en las actividades cotidianas.

Baja energía

Defensa ante los estímulos.

Conexión con el sentido de la vida.
Movimiento hacia la satisfacción de deseos y necesidades.

La piel



Las formas de tacto y contacto en las relaciones interpersonales o con el medio ambiente.

Acercamiento corporal.
Confianza.
Entrega.
Apertura a recibir.

La lengua


El gusto por la vida y la capacidad para distinguir sus diferentes “sabores”.

Mayor disfrute.
Selección y variedad.
Discriminación.

Las fosas nasales


El instinto, la memoria ancestral, la selección y el cuidado.

Confianza en la intuición.
Prevención.
Autocuidado.

Los ojos


Las distintas maneras de mirar la realidad.

Ampliación de la mirada.
Incorporar otros puntos de vista.

Los oídos


La mayor o menor capacidad de escucha.

Desarrollo de la capacidad empática.
Apertura, confianza y flexibilización.


Sistema Endocrino
(en general)

Los tiempos de asimilación y transformación en todos los planos.
Las respuestas a los estímulos.
La capacidad de transformar y utilizar los propios recursos.


Apertura.
Confianza.
Comunicación eficaz.
Creatividad.

Tiroides

La activación y vitalidad de todo el organismo.
El contacto afectivo.
El estado de ánimo.
Lo nutriente en todos los planos.


Regulación.
Afecto.
Orden.
Organización.

Suprarrenales

Regulación de los niveles soportables de estrés.
Miedos.


Confianza.
Contención.

Páncreas

Comportamiento afectivo.
Relaciones interpersonales.

Regulación y saneamiento de las relaciones afectivas.

Ovarios. Útero. Testículos. Próstata.

Procesos de gestación y creación en todos los planos.

Confianza.
Valor.
Creatividad.

Sistema Inmunológico
(en general)

La respuesta defensiva.
La capacidad para poner límites a pensamientos, personas o situaciones no deseadas.
Las capacidades de cuidado y prevención.

Apertura.
Confianza.
Prevención.
Límites.
Cuidados.

Alergia

La sensibilidad respecto de los estímulos
Tolerancia al estrés.


Tolerancia.
Aceptación.

Infecciones

Los límites.


Discriminación.
Límites.

Autoinmunes

Autocuidado.
Prevención.
Discriminación.
Agresión.

Reconocimiento y valoración de lo propio.
Aceptación.
Tolerancia.

Cáncer

Emociones negativas.
Permisividad.
Agresividad.
Pasividad


Afecto.
Fortalecimiento de la autoestima.
Emociones positivas.
Afirmación personal.

Corazón

La vitalidad y el entusiasmo.
El equilibrio y conexión con los sentimientos y las emociones.
La capacidad de fluir y soltar.
La regularidad, lo previsible, lo cíclico, la repetición, el orden, el dejar pasar, el aceptar lo que viene.


Soltar.
Dejar fluir.
Conexión con los sentimientos y emociones.
Confianza en uno mismo y en los otros.
Tolerancia.
Consideración.
Aceptación.
Ritmo.
Organización.

Arterias

El sentido de la vida.
La capacidad de fluir y soportar el movimiento vital.

Movimiento.
Fluidez.
Flexibilidad.

Venas


Emociones negativas.
Retención de lo tóxico en todo sentido

Depurar lo tóxico en todo sentido.
Movimiento.

Sistema Respiratorio
(en general)

La capacidad de conectarse con la vida de manera independiente.

Autoafirmación.
Movimiento.
Cambio.

Fosas nasales
Senos nasales


El reconocimiento de la propia intuición.
Tolerancia.
Aceptación.

Autoafirmación.

Bronquios


Retención de la energía.
Tolerancia.
Aceptación.

Soltar.
Paciencia.
Autoafirmación.

Pulmones


Capacidad de abrirse a dar y recibir en todos los planos.
Emociones negativas.

Movimiento.
Apertura.
Aceptación.

Sistema Digestivo
(en general)
El aprovechamiento y asimilación de lo nutricio en todo sentido.

Selección.
Discriminación.
Elección.
Decisión.


Esófago

La selección,  tanto sea respecto a los alimentos a ingerir como a las situaciones de vida o las relaciones.

Observación atenta de lo que proviene del mundo externo.
Discriminación.
Elección.
Aceptación.


Estómago

La capacidad de fluir.
La capacidad de transformar y soltar emociones negativas.

Movimiento.
Cambio.
Reconocimiento y aceptación de las emociones negativas.

Intestino delgado
La capacidad de retener lo que sirve y soltar lo que requiere ser desechado.
Movimiento.
Ritmo.
Fluidez.
Aprendizaje.


Intestino
grueso
Depurar lo tóxico.
Apego.
Los cambios en general.

Cambios.
Soltar el pasado.
Fluidez en las relaciones interpersonales.


Hígado
La capacidad de trasmutar afectos negativos como el resentimiento y el rencor.
Depurar lo tóxico.
Transformar.
Transmutar.


Sistema Urinario
(en general)

La capacidad de soltar o desprenderse de lo tóxico en todos los planos.
El equilibrio emocional.

Discriminación.
Autoafirmación.



Riñones

Filtrado de lo tóxico en todos los planos.

Prevención.
Autocuidado

Vejiga


El control de las emociones en sus dos extremos: desborde o represión.


Reconocimiento de sensaciones y sentimientos.
Canalización saludable de la carga emocional.

Uretra


Expulsión de lo tóxico en todos los planos.

Capacidad para soltar lo que no sirve.
 


Lic. Alicia López Blanco
Psicóloga Clínica
Autora, entre otros, de los libros “El cuerpo tiene la palabra” (Robin Book) “Por qué nos enfermamos” y “La salud emocional” (Paidós).

martes, 5 de octubre de 2010

El lenguaje del cuerpo y sus síntomas- Parte 1

Desde un punto de vista holístico, la salud podría definirse como una experiencia personal, frecuente y relativamente estable de bienestar y coherencia en los planos del cuerpo, la mente, el espíritu, los vínculos, los sentimientos y las emociones.

Como el ser humano es una unidad con múltiples aspectos entrelazados, un desequilibrio en un plano afecta a todos los demás en mayor o menor medida. En este sentido, no podemos pensar en términos de causa y efecto sino de variables interrelacionadas con diferentes grados de compromiso.

Teniendo en cuenta estas premisas, la filosofía holística entiende a la enfermedad como un desequilibrio que expresa algún tipo de incoherencia o desajuste entre los diferentes planos de nuestra existencia. Algo que nos está afectando demanda la toma de conciencia y realización de algún tipo de cambio por nuestra parte. El síntoma revela una realidad oculta y la expone, deja en evidencia algo que no queremos o no podemos reconocer, nos propone un “darnos cuenta” y estimula la realización de acciones dirigidas hacia la búsqueda de nuestro propio bienestar.

A lo largo de los años, la experiencia clínica me ha demostrado una coincidencia entre lo que expresa el cuerpo y lo que la persona relata de su situación en otros planos de su vida. 
Podemos ver esto más claramente con el siguiente ejemplo: pongamos por caso un fuerte dolor de cintura en una persona que no padece una patología específica de su columna vertebral. En el plano del cuerpo el síntoma cuenta de una tensión de un músculo de la espalda baja, el cuadrado lumbar. Éste músculo constituye el más importante sostén de las vértebras lumbares, las cuales sobrellevan la constante carga de la parte alta del cuerpo, el tronco, la cabeza y las extremidades superiores. Si esta carga se intensifica, el cuadrado lumbar se tensa para poder soportar el exceso. Si no puede con la carga, afloja de golpe y las vértebras lumbares quedan desprotegidas. Esto puede provocar un gran daño y dejar a la persona incapaz de moverse o caminar, requiriendo reposo y tratamiento médico. Lo mismo que está mostrando este músculo: la sobrecarga y el peligro de sucumbir ante el exceso, suele ser una analogía de lo que le está pasando a la persona que padece el síntoma. Cuando se le pregunta si se siente sobrecargado por alguna situación, la respuesta habitual es afirmativa. En general el paciente manifiesta estar atravesando una problemática a la que le atribuye difícil solución y que esto le promueve un sentimiento de impotencia. Si se le pregunta como cree que podrá soportar eso si se prolonga en el tiempo y no disminuye su intensidad, dice que no podrá soportarlo.

El síntoma nos estimula a revisar cómo nos sentimos en cuerpo, mente, espíritu, emociones y relaciones para tratar de entender qué cosa es la que no está alineada e intentar modificarla.

En general hay una tendencia a poner afuera la causa de lo aquello que no nos gusta, a pensar que nos pasan cosas a pesar nuestro. Puede que en muchos aspectos sea así, pero también es cierto que los seres humanos somos los máximos responsables de nuestra salud y bienestar, y que podemos tomar en nuestras manos la dirección de nuestra vida. Para ello, no necesitamos depender de una autoridad externa, sólo nos basta con poner en acto nuestra autonomía.

Tenemos la capacidad de pensar por nosotros mismos, desarrollar ideas propias y evaluar lo que nos conviene confiando en los valores que hemos elegido. Hacernos responsables implica elegir lo que es bueno para nosotros y eso no siempre coincide con el deseo.

En este proceso, hay aspectos a modificar relacionados con las particularidades de cada uno y hay otros que son de aplicación general. En estos últimos se inscriben algunas recomendaciones que favorecen al bienestar y elevan la calidad de vida: realizar actividad física de manera regular; alimentarse de manera  consciente; desarrollar un manejo asertivo del estrés; no consumir tabaco, alcohol y drogas; usar el tiempo libre  en lo que resulte gratificante; respetar el tiempo de descanso y sueño; poseer hábitos de higiene personal y ambiental; efectuar chequeos médicos de manera regular; fomentar una relación gratificante con nosotros mismos, el medio ambiente y el entorno vincular; encontrarle sentido a aquello que hacemos; estar en contacto con valores que nos resulten trascendentes; y tener un manejo responsable de las emociones y sentimientos.

Antes de “gritar” desde la enfermedad, el cuerpo suele “susurrar” a través de síntomas menores tales como trastornos funcionales, tensiones y contracturas musculares. Si aprendemos a escuchar estos síntomas y a entender su mensaje podremos accionar de manera preventiva antes de que un desequilibrio mayor se instale.
 

Lic. Alicia López Blanco

Psicóloga clínica. Autora, entre otros de: ‘Por qué nos enfermamos’ Ed. Paidós

jueves, 23 de septiembre de 2010

NIDO VACÍO: CRISIS Y OPORTUNIDAD

Cuando los hijos se van de la casa, se presenta la opción de ocuparse más del desarrollo personal y el de la pareja. Todo cambio en la vida genera pérdidas y ganancias. El prestar mayor atención a éstas últimas influye positivamente en el bienestar integral de la persona.
Por la Lic. Alicia López Blanco (Extraído de Los Anteojos del Tata http://losanteojosdeltata.com.ar)

Cuando los hijos, tal como es esperable, dejan la casa familiar en un intento de construir su propia existencia de manera independiente, algunos padres, y sobre todo algunas madres, padecen lo que suele llamarse el Síndrome del Nido Vacío. Algunos de sus síntomas son: sensación de extrañeza, vacío, soledad, tristeza, desolación, inadaptación, desmotivación, fatiga, ansiedad, problemas sexuales, y desinterés por actividades cotidianas.

Este sentimiento de falta de sentido de la vida suelen experimentarlo quienes han hecho de sus hijos el centro de su existencia y, aún sabiendo que algún día se irán, pues este paso se encuentra fehacientemente arraigado en la cultura, no dejan de sorprenderse desagradablemente cuando esto sucede.

Si el motivo esencial de la vida de una persona son los hijos, sus mundos particulares y sus problemas, cuando éstos parten queda vacía de vivencias, intereses personales y satisfacciones. No ha edificado un andamiaje propio que le proporcione disfrute y felicidad, y conserva, en su sistema de creencias, al sacrificio como un valor.

Muchas mujeres se han sentido realizadas llevando adelante su hogar, atendiendo a la familia y a la educación de sus hijos pero, cuando estos se alejan, quedan despojadas de una parte fundamental de su identidad y ya no se reconocen. No saben qué hacer con su tiempo, nada las motiva lo suficiente, se sienten prescindibles e inútiles.

Ante el vacío físico y emocional, necesitan encontrar un nuevo eje alrededor del cual reestructurar y organizar sus vidas. La superación de esta problemática, que no es nada más que una etapa esperable en el ciclo vital de una familia, requiere de un trabajo que no siempre puede afrontarse sin ayuda terapéutica.

Reconstruir la pareja

Otra consecuencia de este cambio es que marido y mujer vuelven, como al principio de la relación, a quedarse solos. Si durante los años de crianza y crecimiento de los hijos no han alimentado la relación de pareja, estimulado el interés mutuo, y construido un proyecto compartido, la vida en común comienza a carecer de sentido. Queda así en evidencia que se sostenían unidos, principalmente, por la presencia de los hijos y que, pasados los años, los otros lazos que estaban presentes en el inicio se han deteriorado o ya no existen. Se sienten dos extraños habitando una misma casa.

Lo contrario sucede en una pareja que ha sabido preservar sus espacios personales al tiempo que ha cuidado el vínculo, la partida de los hijos es un hecho que pueden anhelar, porque es el preámbulo de una nueva etapa de mayor libertad e intimidad.

Por supuesto, como toda crisis vital, en ninguno de los casos está exenta de dificultades, y de la puesta en acto de los necesarios mecanismos de adaptación y ajuste. El éxito o fracaso de esta nueva fase estará ligado a las experiencias vitales anteriores con relación a las pérdidas, y al desarrollo de recursos que haya tenido lugar en ellas.

Como cualquier ser vivo, la familia atraviesa distintas fases en su desarrollo. Una de ellas es la partida de los hijos del hogar. El cambio que ésta propone pone de relieve un tema existencial, el paso de los descendientes a la edad adulta muestra el paso del tiempo para todos. Todo lo que termina significa una muerte en sentido simbólico y no podemos evitar que eso nos confronte con la muerte real.

Ante esto se abre una oportunidad, la de encontrar nuevos ejes alrededor de los cuales hacer girar la vida personal, y la de la pareja. El ‘nido vacío’ sólo significa que los hijos han volado. La buena noticia es que han dejado mucho más espacio para aprovechar.

Sólo basta con poner en acto la creatividad para seguir pariendo hijos en sentido simbólico, con el aliciente de que no van a llorar de noche pidiendo lactar, tener 40º de fiebre a la madrugada, poner a prueba el temple porque no han realizado las tareas escolares, o alterar el sueño porque han salido con los amigos, es tarde, y aún no han regresado.

Mujeres solas

Puede que muchas parejas ya no estén juntas a la hora de enfrentar la partida de los hijos del hogar, o que nunca lo hayan estado, como en las familias monoparentales. Usualmente, en ese caso, las madres han sido sostén económico y afectivo, han desarrollado muchos recursos de adaptación a lo novedoso, y ellas mismas son constante motor de cambio. Esto no quiere decir que no van a sufrir la pérdida sino que, en general, tienen mayor capacidad para transitarla, soportarla, y resolver con éxito el duelo.

En el caso de estar en pareja, aún cuando se haya dejado durante años de poner energía en ella, y si se sigue eligiendo a esa persona, no es tarde para propiciar un reencuentro y renovación del vínculo.

Como en cualquier otro proyecto que nos propongamos emprender, necesitamos utilizar los recursos adecuados para este fin: contacto amoroso, comunicación eficaz, relaciones sexuales satisfactorias y frecuentes, metas en común, diversión compartida.

Puede resultar confortante abrir el diálogo sobre el sentimiento respecto de la etapa que se está atravesando para pensar juntos el modo de estimular una relación más atractiva para ambos.

En lo que refiere a la vida personal, es una oportunidad para reorganizar el tiempo y poder dedicarse a la realización de proyectos postergados, asignaturas pendientes, actividad física, salidas, encuentros con amigos, lecturas, y lo que sea que despierte el interés y dé placer hacer.

El nido vacío está lleno de la propia persona, y eso no es poco.

Lic. Alicia López Blanco

Psicóloga clínica. Autora, entre otros de: ‘Por qué nos enfermamos’ Ed. Paidós

lunes, 6 de septiembre de 2010

UNA LECTURA HOLÍSTICA DEL COLON IRRITABLE

La Lic. Alicia López Blanco hace una lectura holística del Colon irritable a través de un caso clínico. Las funciones del colon tienen como atributos la permisividad, el desapego, la selección, la capacidad de absorción de lo necesario y de expulsión de lo que no lo es. (Extraído de Los Anteojos del Tata http://losanteojosdeltata.com.ar)

Esta problemática es también denominada síndrome del intestino irritable. Lo de irritable alude a que las terminaciones nerviosas de esa zona del aparato digestivo se encuentran muy sensibles y en extremo reactivas. El más mínimo estímulo activa en ellos una inapropiada actividad motora que causa dolor o alteraciones en el tránsito intestinal en forma de diarrea o estreñimiento y gases. La ‘diarrea’ no es tal, puesto que no existe un aumento en el volumen de las heces; el agua es absorbida con normalidad y en general no aparece sangre con las deposiciones. Sí puede aparecer mucosa en las heces, y existe la sensación subjetiva de que no ha habido una evacuación intestinal completa tras la defecación.

Las funciones del colon tienen como atributos la permisividad, el desapego, la selección, la capacidad de absorción de lo necesario y de expulsión de lo que no lo es.

Un caso clínico

El siguiente caso clínico intenta ilustrar la lectura holística que puede hacerse de este síntoma:

Raúl se presentó a la consulta tratando de encontrar solución a su problema. El gastroenterólogo le había dicho que sus intestinos estaban bien, pues en los estudios realizados no se había encontrado ninguna patología que diera cuenta de los síntomas. Le mencionó el Síndrome del Intestino Irritable, y su relación con el estrés, y le recetó una medicación para disminuir la motilidad intestinal junto con un ansiolítico, explicándole que se su sistema nervioso se encontraba hiper-reactivo y por eso había que aplacarlo.

Una amiga le aconsejó realizar una consulta psicológica y, aunque él no era en esos momentos muy proclive a creer en los efectos benéficos de la psicoterapia, pensó que algo tenía que intentar para salir de su estado.

Al inicio del tratamiento Raúl tenía 47 años, de profesión contador, casado desde hacía 25 años, con dos hijas mujeres de 18 y 22 años. Manifestó tener una buena relación con su familia aunque dijo, textualmente: “No tengo demasiado tiempo para dedicarme a mi mujer y a las chicas. Hay que mantener una casa como la que tenemos y todo el tren de vida al que están acostumbradas. Las chicas estudian en una universidad privada y son mujeres, les gusta vestir bien y comprarse cosas. No es fácil”

Dijo que su profesión le gustaba “aunque corro todo el día de aquí para allá”. También dijo que con su pareja se llevaba bien aunque admitió que no compartían casi nada y que su vida sexual era casi inexistente.

Lo que expresaba el cuerpo

Su cuerpo expresaba un descontrol mucho mayor que el que revelaba su discurso. La frecuencia de su necesidad de evacuar había comenzado a afectar, en su trabajo, la interacción con otras personas. Apenas podía dormir porque el síntoma también lo despertaba de noche. Padecía fuertes dolores abdominales, gases e inflamación, por lo que los trastornos lo ocupaban tanto que estaba pendiente de ellos todo el día.

De manera conciente no pudo asociar la aparición de la problemática con ningún acontecimiento puntual, y tampoco pudo precisar cuándo había comenzado todo porque no se acordaba.

Al inicio del proceso terapéutico sólo le interesaba hablar en sus sesiones de cómo se había comportado su intestino esa semana, y todo intento de mi parte por llevarlo hacia otro tipo de reflexión o acontecimiento había resultado infructuoso.

Raúl había tomado su tratamiento psicológico como si éste fuera un remedio que, tomado cada semana, debía calmar mágicamente la actividad de su colon. Como esto no estaba sucediendo, vino un día a plantearme la falta de éxito del mismo. Le expliqué que, a través del síntoma, su cuerpo estaba hablando de él, de su propia irritación, dolor, desborde, sensibilidad y reactividad. Que sólo iban a revertirse los síntomas si él se hacía cargo de realizar en su vida los cambios que esta problemática  le estaba reclamando. Que hasta ese momento había tratado a su intestino como si fuera algo ajeno que venía a molestarlo, pero que las enfermedades no vienen desde el exterior, que nos pertenecen, que son señales que pueden ayudarnos a reencauzar nuestras vidas. Que si esperaba que yo le solucionara el problema estaba equivocado, que era él quien tenía que hacerlo, y que también era él quien tenía el poder para que esto sucediera.

El cambio

Fue a partir de ese momento que pudimos iniciar el proceso terapéutico que lo llevaría al cambio. Paulatinamente comenzó a darse cuenta de que su posición en la vida era la de hacerse cargo y sostener, más allá de sus posibilidades: Él era el único sostén económico del hogar. Su esposa se mostraba incapaz de organizar y administrar la casa, fundamentalmente en lo que refería al dinero. Con respecto a sus hijas dijo: “Sólo saben pedir y pedir. Se creen que yo soy un Banco”.  Sus padres, ya mayores, lo esperaban cada semana para que les organizara los gastos y colocara el dinero en sobres. Si bien tenían una jubilación, ésta era mínima y él les pasaba una mensualidad.

Raúl fue tomando conciencia de todo lo que sostenía y de todo lo que perdía al mismo tiempo. Nada parecía suficiente “el dinero salía como las evacuaciones”, con demasiada frecuencia, sin que él pudiera controlarlo.

Los síntomas de Raúl reflejaban irritación, inflamación (que siempre es un signo de conflicto), dolor y pérdida, y le impedían disfrutar y de trabajar.

En un principio, traté de llevar su atención al lugar que ocupaba en las relaciones con los otros: su posición de organizador, de sostenedor, de nutriente. La dificultad para retener (uno de sus síntomas principales) era de los demás, pero él se hacía cargo del desborde de los otros a través de su propio síntoma.

Los desórdenes del colon, están relacionados con la dificultad para soltar o desechar aquello que no produce ningún beneficio y que, si se retiene, puede resultar tóxico para la persona entera. En este caso, la posición que Raúl asumía en las relaciones interpersonales era sumamente tóxica para él. Lo que le sucedía en el cuerpo era una réplica de lo que le sucedía en la vida. Sostenía las conductas poco responsables de todos los que lo rodeaban, y su cuerpo le contaba que esto superaba su capacidad de asimilación y afrontamiento.

El área de expresión del síntoma, la del abdomen, es la zona de las emociones por excelencia. Allí se pone en evidencia la capacidad para aceptar, asimilar, transformar y aprovechar lo que la vida brinda. La metabolización de afectos y sentimientos. Es una zona que sugiere, movimiento y transformación. Capacidad de adaptación y cambio.

Las funciones del colon son las de permitir el paso de los elementos a ser desechados por el organismo, absorber algunos minerales y el agua y formar la materia fecal para que esta pueda ser expulsada en su totalidad por el organismo. Las funciones de este órgano tienen como atributos la permisividad, el desapego, la selección, las capacidades de absorción de lo necesario y de expulsión de lo que no lo es.

En el caso de Raúl, el reclamo fundamental del síntoma era el de cambiar una determinada posición en sus relaciones interpersonales.

Durante el proceso terapéutico comenzó a cambiar su posición de “abastecedor económico de todos” y empezó a ocuparse de su propio “abastecimiento”: su alimentación, sus cuidados personales, el reconocimiento de su deseos y necesidades y la ejecución de acciones tendientes a satisfacerlos. Por otra parte, aprendió a  salir de situaciones en las cuales se encontraba repitiendo la modalidad de “salvador”.

Actualmente continúa en tratamiento y reconoce que el espacio terapéutico lo ayuda a conocerse y cuidarse cada vez más.

Lic. Alicia López Blanco

Psicóloga clínica